Del laboratorio al mercado: el gran reto de Barcelona

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Del laboratorio al mercado: el gran reto de Barcelona
"Torre Glòries at night" by Kent Wang, CC BY 4.0

Este artículo ha sido escrito por Lluís Juncà

Barcelona aparece de manera recurrente entre las ciudades más innovadoras de Europa. Tenemos universidades competitivas, centros de investigación de prestigio internacional, más de 2.400 startups, grandes congresos tecnológicos y una enorme capacidad para atraer talento. Sobre el papel, lo tenemos casi todo.

Por eso mismo, el principal reto de Barcelona no es generar más conocimiento. Es convertir mucho más del conocimiento que ya genera en prosperidad, en valor económico real: facturación, empleos, empresas, etc.

La investigación genera conocimiento. La innovación transforma ese conocimiento en realidad.

Y esto nos obliga a empezar aclarando una confusión que arrastramos desde hace demasiado tiempo: investigación e innovación no son lo mismo. La investigación genera conocimiento. La innovación transforma ese conocimiento en realidad. Si una investigación acaba publicada en una revista científica pero nunca llega a una empresa, a un hospital, a una fábrica o a un cliente, ha sido una gran investigación. Pero todavía no ha sido una innovación. La innovación solo existe cuando alguien adopta ese conocimiento porque resuelve un problema mejor que las alternativas existentes.

Barcelona excelsa en la creación de conocimiento.

Barcelona excelsa en la creación de conocimiento. Tenemos centros de investigación referentes mundiales en sus ámbitos, como el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), el Instituto de Investigación Biomédica (IRB), el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) y muchos más, todos ellos referentes globales en sus respectivos campos. El problema es que, con demasiada frecuencia, este conocimiento no acaba generando empresas, empleos y riqueza, o lo hace en otros lugares del mundo.

Los investigadores publican artículos. Las empresas buscan soluciones tecnológicas.

Nuestro principal déficit no es científico. Es de conexión, de engranaje entre el mundo de la investigación y el mundo empresarial. Dos mundos que en Cataluña, y en particular en Barcelona, siguen funcionando con demasiada frecuencia como dos ecosistemas paralelos. Los investigadores publican artículos. Las empresas buscan soluciones tecnológicas. Pero hay demasiadas pocas personas, demasiados pocos incentivos y demasiadas pocas instituciones dedicadas a conectarlos sistemáticamente.

Los mecanismos de transferencia de conocimiento de las universidades son claramente insuficientes.

Los investigadores siguen siendo evaluados principalmente por el número de publicaciones y citas. Los mecanismos de transferencia de conocimiento de las universidades son claramente insuficientes. Y muchas empresas tampoco han incorporado la cultura de buscar activamente en los laboratorios las tecnologías que podrían definir sus productos dentro de cinco o diez años.

Los grandes ecosistemas de innovación del mundo funcionan de otra manera. En Boston, Cambridge o Stanford, la frontera entre universidad y empresa es extraordinariamente permeable. Los investigadores crean empresas. Los emprendedores entran en los laboratorios. Los inversores conocen qué se está investigando antes de que llegue al mercado. Y las universidades consideran un éxito tanto una publicación en Nature como una spin-off capaz de crear empleo y competir globalmente.

El reto es conseguir que estos dos grandes activos dejen de mirarse de lejos y empiecen a trabajar como un único sistema.

Barcelona ya dispone del talento científico. También dispone de un ecosistema empresarial dinámico y de una comunidad emprendedora consolidada. El reto es conseguir que estos dos grandes activos dejen de mirarse de lejos y empiecen a trabajar como un único sistema.

Esto exige reformar incentivos, reforzar las estructuras de transferencia, facilitar la creación de spin-offs, atraer más capital especializado e incorporar perfiles profesionales dedicados exclusivamente a convertir ciencia en negocio.

Invertir en investigación es imprescindible. Pero conformarnos con publicar artículos es quedarnos a medias. No nos lo podemos permitir. Barcelona no será realmente una ciudad innovadora mientras el conocimiento que genera no se transforme de manera sistemática en empresas, industria, empleo cualificado y prosperidad. Porque una ciudad no innova cuando descubre. Innova cuando logra que sus descubrimientos cambien la vida de la gente.


Lluís Juncà

Business angel y mentor de startups. Exdirector General de Innovación y Emprendimiento de la Generalitat de Catalunya. Invierte en proyectos con impacto y promueve la innovación sostenible.

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